Cada octubre, Chile celebra el Mes de la Ciencia, la Tecnología, el Conocimiento y la Innovación, una invitación a mirar con curiosidad lo cotidiano. La Luna da vueltas alrededor de la Tierra y, sin embargo, siempre nos muestra la misma cara. ¿Por qué nunca vemos su otro lado? Detrás de esa escena cotidiana hay una pregunta sencilla de plantear y difícil de responder. ¿Qué ocurre cuando un cuerpo celeste gira sobre sí mismo mientras viaja por el espacio? De eso trata el problema roto-orbital, una línea de investigación de la mecánica celeste.
Durante siglos imaginamos planetas y lunas como puntos sin forma ni tamaño. Esa idealización permitió a Kepler y a Newton describir las órbitas con enorme precisión. Pero los cuerpos reales tienen forma, y la forma importa. Cuando un cuerpo es irregular, la gravedad de su vecino tira con más fuerza de la parte más cercana, y esa diferencia puede acelerar, frenar o desordenar su giro. A su vez, cuando cambia el giro, cambia la manera en que el cuerpo se presenta ante su vecino, y eso modifica su órbita. Es como una pareja de baile en la que cada paso de uno obliga al otro a ajustar el suyo.
Por su complejidad, ambos movimientos se han estudiado por separado, a partir de dos modelos clásicos, el problema de Kepler para la órbita y el sólido rígido libre para el giro. La estrategia es partir de ellos y analizar qué ocurre al añadir una pequeña perturbación, como el tirón extra que produce la forma irregular de un asteroide. Ese pequeño desajuste es el que acopla el giro con la órbita.
Sus huellas están en todo el Sistema Solar. Las mareas terrestres frenaron el giro de la Luna hasta acompasarlo con su órbita. Mercurio gira tres veces sobre su eje por cada dos vueltas al Sol. Y Hiperión, una luna irregular de Saturno, rota de forma caótica e impredecible.
También hay consecuencias concretas. En 2022, la nave DART de la NASA impactó a Dimorphos, una pequeña luna del asteroide Didymos, y acortó en más de media hora su vuelta. Pero el choque también alteró su forma y probablemente su giro, y ambos efectos seguirán influyéndose durante años. La sonda europea Hera llegará a fines de 2026 para estudiarlo, y sus mediciones pondrán a prueba modelos como los que desarrollamos en esta área.
Chile tiene aquí una oportunidad única. Sus observatorios registrarán millones de asteroides y medirán cómo cambia su brillo, una huella que revela cómo giran y si tienen compañeros. Pero los datos no hablan solos. Hacen falta matemática, física y personas formadas para convertirlos en conocimiento, y ahí las universidades tenemos un papel central. Observar el cielo es solo el comienzo, el desafío es comprenderlo.
La próxima vez que mire la Luna, recuerde que esa cara familiar es fruto de un largo diálogo entre su giro y su órbita. Todo gira, viaja y conversa.
Dr. Jorge Zapata
Facultad de Educación, Universidad San Sebastián
La Universidad San Sebastián inauguró su renovado Hospital Clínico Veterinario en Concepción, equipado con tecnología…
San Pedro de la Paz acoge la Copa del Mundo de Triatlón en la Laguna…
CMPC presentó su Plan de Prevención y Combate de Incendios Forestales 2026-2027 en un evento…
Ya están abiertas las inscripciones para el Encuentro Chile Agrícola 2026, que se realizará el…
Expertos y autoridades se reunieron en el Biobío para debatir sobre el uso de patentes…
Estudiantes de Ingeniería Agrícola de Santo Tomás compartieron técnicas de cultivo y semillas en el…