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Académicos UCSC advierten que los incendios en Chile responden a fallas estructurales del territorio y no solo al clima

Especialistas coinciden en que la expansión de monocultivos, la planificación deficiente y la acumulación de combustible explican la magnitud de los incendios, y llaman a repensar el paisaje rural y fortalecer la prevención.

Los incendios forestales que afectan de manera recurrente a distintas zonas del país han dejado de ser eventos excepcionales para transformarse en una amenaza permanente. Así lo plantean académicos de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), quienes advierten que, más allá del cambio climático, existen factores estructurales que explican su creciente extensión e intensidad.

El Director del Departamento de Química Ambiental de la Facultad de Ciencias UCSC, Dr. Sergio Contreras, sostiene que este fenómeno no es nuevo. “Estas preguntas son desgraciadamente recurrentes y las venimos respondiendo desde hace casi una década con mi colega de la Facultad, Dr. Gustavo Saiz: Los incendios en nuestras regiones han dejado de ser una catástrofe puntual para convertirse en una desgracia lamentablemente casi esperada”.

Desde su análisis, el incremento de los incendios responde a una combinación de variables. “El aumento y severidad de incendios responde al cambio climático, pero también a una mayor presión humana que genera más focos de ignición (fuegos) y paisajes con grandes cargas de combustible homogéneo”, explica, agregando que cuando estas condiciones coinciden con altas temperaturas, baja humedad y viento, “su rápida propagación está garantizada”.

El Dr. Contreras advierte que este escenario impacta directamente a las comunidades. “Incendios que parten siendo forestales se vuelven estructurales, afectando a la poblaciones que lamentablemente habitan al lado de estas masas”, señalando que cuando existen múltiples focos simultáneos “los recursos de extinción se vuelven rápidamente insuficientes”.

Por su parte, el investigador de la Facultad de Ciencias UCSC, Dr. Gustavo Saiz, explica que los incendios actuales presentan diferencias respecto a décadas anteriores. “Algunos de estos incendios sí son distintos, ya que los veranos son cada vez más calurosos y se combinan además con periodos de sequía extrema”, factores que inciden directamente en la superficie afectada.

El Dr. Saiz agrega que el territorio también ha cambiado de forma significativa. “Décadas atrás los monocultivos no rodeaban de esta manera al Gran Concepción, la carga de combustible era menor y la extensión de viviendas tampoco era la misma”, lo que hoy aumenta la vulnerabilidad frente al fuego.

Suelos degradados, monocultivos y alto riesgo post incendio

En relación con los impactos ambientales posteriores, el Dr. Sergio Contreras advierte que los daños al suelo son profundos y de largo plazo. “Los suelos se deterioran, de acuerdo al tipo de vegetación quemada y la intensidad del incendio, perdiendo nutrientes e incrementando la erosión post incendio”, especialmente porque “luego del verano, vienen lluvias que provocan escorrentía superficial y pérdida material de suelo”.

En este sentido, el Dr. Gustavo Saiz apunta directamente a la planificación territorial como un factor clave. “Aproximadamente un tercio de la superficie de las regiones del Biobío y Ñuble están cubiertas por monocultivos forestales”, los que conforman “un paisaje continuo y homogéneo, con extensiones tan enormes que no tienen comparación con otros países o regiones de clima Mediterráneo”.

El investigador agrega que la gestión post incendio agrava el problema. “Amplias zonas ocupadas por plantaciones forestales y quemadas en incendios en veranos pasados han sido replantadas con las mismas especies o bien, si no es rentable o accesible su extracción, son abandonadas, quedando cubiertas por vegetación inflamable. Estos son todos paisajes potencialmente altamente inflamables”, enfatiza.

Finalmente, el Dr. Saiz subraya que existen márgenes de acción concretos. “No podemos controlar el clima ni eliminar completamente las igniciones, pero sí podemos reducir el riesgo gestionando preventivamente la cantidad y distribución del combustible en los paisajes rurales. Ahí es donde realmente podemos marcar la diferencia”.

En esa línea, el Dr. Sergio Contreras plantea que, si bien la protección de vidas humanas es prioritaria y requiere difusión de guías de autoprotección, el desafío de fondo es estructural. Por eso, “proponemos un paisaje rural tipo mosaico, estableciendo plantaciones con distintos usos del suelo, produciendo discontinuidades de vegetación en el paisaje, junto con una población informada y preparada. Educar y preparar a la población es mucho más importante que estar discutiendo lo mal que está todo”.

Prensa

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