La salud mental es un tema profundamente humano, porque está ligada a nuestra capacidad de pensar, anticipar y dar significado a lo que vivimos. En Chile, y particularmente en la Región del Biobío, esta realidad cobra especial relevancia tras las recientes inundaciones y otros desastres que han marcado nuestra historia, como terremotos, tsunamis e incendios forestales.
Si bien las imágenes suelen centrarse en las viviendas anegadas, los caminos cortados o las pérdidas materiales, el impacto más profundo muchas veces es invisible. Perder el hogar no significa únicamente perder una casa; implica perder el espacio que representa seguridad, estabilidad, intimidad y gran parte de la historia familiar. A ello se suma la incertidumbre que se vive durante los días previos a una emergencia, la ansiedad de observar cómo el agua avanza, el temor por la seguridad de los seres queridos y la angustia de no saber cuánto se perderá. En muchas familias aparece, además, el duelo por objetos cargados de valor afectivo y, en los casos más dolorosos, por la pérdida de personas cercanas.
Estos eventos afectan la salud mental al incrementar el estrés, la ansiedad, la sensación de vulnerabilidad y la percepción de pérdida de control. También pueden afectar el sentido de comunidad. En algunos casos, el desastre debilita las redes de apoyo debido al desplazamiento de familias y a la interrupción de la vida cotidiana; en otros, fortalece la solidaridad, la organización vecinal y el apoyo mutuo, reforzando el sentido de pertenencia y la capacidad colectiva para enfrentar la adversidad.
Por ello, la psicoeducación resulta fundamental para comprender que estas reacciones son esperables y para entregar herramientas que favorezcan una recuperación saludable. En este contexto aparece la resiliencia, entendida no como la obligación de ser fuerte, sino como la capacidad de adaptarse y reconstruirse con el apoyo de la familia, la comunidad y las instituciones. Prepararnos para futuros desastres no solo implica contar con planes de emergencia, sino también fortalecer la salud mental y las redes comunitarias que permiten afrontar estas experiencias de manera más saludable.
Dr. Emilio Sagredo Lillo
Académico del Doctorado en Psicología y Salud Mental
Universidad San Sebastián
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