- La Iglesia chilena lanzó la Campaña de Ayuda a Venezuela en coordinación con Cáritas.
- El arzobispo Fernando Chomali y el obispo Óscar García encabezaron misas de apoyo espiritual.
- Expertos chilenos del grupo USAR participaron en las labores de rescate y auxilio humanitario.
A pocos meses de los devastadores sismos que azotaron a Venezuela el pasado 24 de junio, la cifra de víctimas fatales supera las seis mil personas. Las imágenes de Caracas y La Guaira atestiguan una destrucción profunda de la infraestructura, dejando a miles de heridos y personas sin hogar. Este paisaje desolador se agrava trágicamente frente a la profunda incertidumbre política y económica que atraviesa la nación sudamericana. Sin embargo, en medio del dolor, han emergido experiencias luminosas de ayuda, solidaridad y fraternidad gestadas desde Chile.
Una de las instituciones más relevantes en esta labor de apoyo ha sido la Iglesia católica chilena. Apenas un día después de la catástrofe, el 25 de junio, la Conferencia Episcopal de Chile emitió el mensaje público “En oración y solidaridad con el pueblo de Venezuela”, expresando con calidez: “Compartimos su angustia por la suerte de sus seres queridos a la distancia, y les aseguramos que no están solos”.
La respuesta espiritual y comunitaria no se hizo esperar en las regiones. El lunes 29 de junio, la Catedral de Concepción acogió una eucaristía multitudinaria oficiada por el obispo auxiliar, monseñor Óscar García. Fue un momento de profunda comunión donde las banderas de Chile y Venezuela se entrelazaron junto a la Virgen del Carmen y la Virgen de Coromoto. Días más tarde, el sábado 4 de julio, el arzobispo de Santiago, cardenal Fernando Chomali, presidió una misa especial en la Catedral Metropolitana, congregando a una nutrida comunidad venezolana a la que ofreció palabras de consuelo y un llamado urgente a la fraternidad americana.
A esta dimensión pastoral se sumó una sólida articulación práctica: la “Campaña de Ayuda a Venezuela”, liderada por la Iglesia chilena para recaudar fondos destinados a socorrer a las víctimas mediante el trabajo coordinado de Cáritas en ambos países, con un foco especial en el Hospital de las Hermanitas de los Pobres de Maiquetía.
En paralelo, la sociedad civil e institucional chilena también se hizo presente con el envío de cargamentos de ayuda humanitaria y el despliegue del equipo USAR de rescatistas y bomberos. Un grupo de 45 especialistas que demostró un alto profesionalismo, llevando esperanza al terreno y siendo recibido con emotivos homenajes por la comunidad venezolana a su regreso.
En el fondo, se trata de una de las dimensiones esencialmente humanas más profundas y complejas de definir: la solidaridad. Esta se refiere a algo intangible pero trascendente, que parte de la empatía y es capaz de movilizar un esfuerzo colectivo. Y es precisamente la historia, junto con las humanidades, la que nos recuerda el valor de lo intrínsecamente humano en los momentos más críticos, especialmente entre pueblos hermanos que comparten una lengua y una cultura en común.
La historia nos enseña que los movimientos de las placas tectónicas son una constante en nuestra geografía americana y que de las personas depende gestionar respuestas eficaces frente a estos eventos naturales. Pero, por sobre todo, lo más significativo de esta experiencia no es solo el embate de la naturaleza, sino las profundas lecciones de solidaridad, fraternidad y resiliencia que han aflorado entre los pueblos de Chile y Venezuela frente a la adversidad.
Dr. Froilán Ramos Rodríguez
Director del Departamento de Historia y Geografía de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC)
