- La epigenética regula la expresión de nuestros genes sin modificar la secuencia del ADN.
- Factores ambientales y metabólicos pueden alterar la salud arterial y acelerar la aterosclerosis.
- Comprender la memoria molecular permite entender el origen de enfermedades antes de los síntomas.
Habitualmente al hablar de cuidar nuestra salud cardiovascular pensamos en colesterol, presión arterial, alimentación o actividad física. Sin embargo, hoy la biología molecular nos permite mirar el corazón desde una perspectiva diferente y reflexionar sobre si ¿pueden nuestras células guardar memoria de aquello a lo que las exponemos? Parte de la respuesta se encuentra en la epigenética, una de las áreas más fascinantes de la biología actual.
Nuestro ADN contiene las instrucciones que permiten el funcionamiento de las células, sin embargo, poseer un gen no significa que este permanezca siempre activo. Existen mecanismos capaces de regular qué genes se expresan, cuándo y con qué intensidad lo hacen, sin modificar la secuencia del ADN. Lo interesante es que algunos de estos mecanismos epigenéticos pueden responder al ambiente y a condiciones metabólicas, estableciéndose así una compleja “conversación” entre nuestros genes y el entorno en el que funcionan.
En el sistema cardiovascular, esta relación cobra especial importancia. Una reciente revisión publicada en Nature Reviews Cardiology destaca que alteraciones epigenéticas, incluyendo cambios en la metilación del ADN, participan en la regulación de genes involucrados en el desarrollo y progresión de la aterosclerosis, enfermedad en la que se acumulan grasa, colesterol y otras sustancias en las paredes de las arterias.
Esto no significa que nuestro destino cardiovascular esté escrito de manera irreversible en el ADN. Por el contrario, nos recuerda que genes y ambiente mantienen una “conversación permanente”. Porque mientras nuestro corazón late, millones de células están leyendo genes, produciendo proteínas, respondiendo a señales y comunicándose entre sí. Y comprender ese lenguaje molecular quizás sea una de las claves para entender cómo comienza la enfermedad cardiovascular mucho antes de que aparezcan sus primeros síntomas.
En este Mes del Corazón, recordemos que cuidar nuestro corazón también significa cuidar las señales a las que exponemos nuestras células, porque ellas las reciben, responden y pueden guardar, silenciosamente, algunas de sus huellas en su memoria molecular que más tarde en nuestra vida pueden hacernos recordar.
Paulina Fernández Garcés
Académica Tecnología Médica
Universidad Andrés Bello

