- El envejecimiento reduce la eficiencia de la sed y la función renal en adultos mayores.
- Síntomas como boca seca, mareos y confusión mental repentina son señales clave de alerta.
- Se recomienda una ingesta diaria aproximada de 1,6 litros para mujeres y 2 litros para hombres.
*Académica de Enfermería de la U. Andrés Bello advierte que las personas mayores pueden presentar déficit de líquidos incluso antes de sentir sed. Reconocer las señales tempranas y promover hábitos de hidratación adecuados resulta clave para prevenir complicaciones y proteger su autonomía.* Con la llegada de la primavera y el aumento de las temperaturas, la hidratación vuelve a instalarse como un tema clave para la salud. Sin embargo, en el caso de las personas mayores, la deshidratación suele pasar inadvertida y transformarse en un problema silencioso que puede afectar seriamente su bienestar, autonomía y calidad de vida. En el marco del Mes de las Personas Mayores, que se conmemora su Día cada 1 de octubre, *Priscilla Inostroza Salazar, académica de Enfermería de la Universidad Andrés Bello, sede Concepción, *llamó a poner mayor atención a esta problemática. Según explica, el envejecimiento produce cambios fisiológicos que dificultan la regulación normal de los líquidos en el organismo. “El organismo regula el equilibrio del agua mediante mecanismos como la sed y la función renal. Con el envejecimiento, ambos mecanismos pueden ser menos eficientes. Por ello, una persona mayor puede presentar un déficit de líquidos antes de experimentar una sensación clara de sed”, señala. El problema se agrava por la presencia de enfermedades crónicas y otras condiciones frecuentes en este grupo etario. “Factores como el uso de diuréticos o laxantes, la fiebre, los vómitos, la diarrea, las dificultades de movilidad, el deterioro cognitivo, los problemas de deglución o incluso el temor a beber agua debido a la incontinencia urinaria aumentan el riesgo de deshidratación”, explica Inostroza. *Señales de alerta que no deben ignorarse* Uno de los principales desafíos es que la deshidratación suele manifestarse de forma gradual y con síntomas que pueden confundirse con otras afecciones propias de la edad. “La boca seca, la orina más concentrada y de color más oscuro, el cansancio, la debilidad, los mareos, la cefalea, el estreñimiento, la somnolencia o los cambios en la atención y conducta pueden ser señales de alerta”, advierte la académica de la UNAB. La enfermera enfatiza que existe una manifestación particularmente preocupante: la aparición repentina de confusión mental. “Una confusión de inicio agudo puede corresponder a un delirium y requiere evaluación clínica. No debe atribuirse automáticamente al envejecimiento o a una demencia previamente diagnosticada”, afirma. Asimismo, aclara que algunos signos habituales no son suficientes para confirmar o descartar un cuadro de deshidratación. “La sequedad de la piel o el color más oscuro de la orina pueden orientar, pero por sí solos no permiten establecer un diagnóstico”, puntualiza. *¿Cuánta agua deben consumir?* Las recomendaciones internacionales sugieren una ingesta aproximada de 1,6 litros diarios de líquidos para las mujeres mayores y de 2 litros para los hombres, además del agua que aportan los alimentos. Sin embargo, la académica recalca que cada caso debe evaluarse de manera individual. “Las necesidades dependen del peso, la alimentación, la actividad física, la temperatura ambiental, las enfermedades y los medicamentos que utiliza cada persona”, indica. Añade que quienes padecen insuficiencia renal, insuficiencia cardíaca o ciertas patologías asociadas a hipertensión arterial deben seguir estrictamente las indicaciones de su equipo de salud respecto al consumo de líquidos. Una recomendación transversal es evitar esperar la sensación de sed para hidratarse. “Los líquidos deben distribuirse a lo largo del día y mantenerse al alcance de la persona mayor, especialmente cuando existen limitaciones para realizar las actividades de la vida diaria”, sostiene. La prevención puede incorporarse fácilmente a la rutina cotidiana mediante medidas simples. Ofrecer líquidos de manera regular, programar recordatorios o alarmas, mantener agua disponible y asociar su consumo a momentos habituales, como la toma de medicamentos, son estrategias que ayudan a evitar el déficit hídrico. Además, la enfermera recomienda incorporar distintas fuentes de líquidos, como agua, infusiones, sopas, frutas y verduras con alto contenido hídrico, y evitar el consumo excesivo de alcohol o café debido a sus efectos deshidratadores. Durante los días más cálidos, también es importante mantener ambientes frescos, evitar exposiciones prolongadas al calor y estar atentos a cualquier cambio en el estado general de la persona. “Un vaso de agua ofrecido oportunamente, mantener los líquidos al alcance y reconocer cambios tempranos en el estado de una persona mayor son acciones simples que pueden contribuir a prevenir complicaciones, proteger su autonomía y favorecer una mejor calidad de vida”, concluye Priscilla Inostroza.
