- La estación Carriel Sur registra 1.288 mm de lluvia en 2026, superando los 984 mm normales anuales.
- Expertos aclaran que un año lluvioso no revierte los efectos acumulados de la sequía a largo plazo.
- La crisis climática genera mayor variabilidad, alternando sequías prolongadas con lluvias muy intensas.
La estación Carriel Sur acumula 1.288 milímetros de precipitaciones durante 2026, por sobre los 984 milímetros considerados normales para un año. Investigador UCSC explica por qué la crisis climática puede alternar sequías prolongadas con lluvias intensas y qué desafíos plantea para el territorio.
En el Gran Concepción ya ha llovido más de lo que normalmente precipita durante todo un año. Según datos de la Dirección Meteorológica de Chile, la estación Carriel Sur registra una precipitación normal anual de 984 milímetros, mientras que durante 2026 ya se han acumulado 1.288 milímetros. La cifra también supera ampliamente los 691,9 milímetros registrados durante el mismo período del año pasado.
Sin embargo, un año lluvioso no significa necesariamente que los efectos acumulados de la sequía hayan desaparecido. La relación entre precipitaciones, disponibilidad de agua y cambio climático es más compleja y obliga a observar no solo cuánto llueve, sino también cómo, cuándo y con qué intensidad ocurren esas precipitaciones.
¿Cómo se manifiesta la crisis climática en Biobío?
En este contexto, el investigador del Centro Regional de Estudios Ambientales (CREA) de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Dr. Patricio Torres, explicó que una de las principales manifestaciones de la crisis climática en la Región del Biobío es precisamente la mayor variabilidad de las precipitaciones.
“Una de las manifestaciones más evidentes ha sido la alteración de los patrones de precipitaciones, con períodos prolongados de sequía alternados con eventos de lluvias muy intensas en cortos períodos de tiempo, los que pueden provocar inundaciones y remociones en masa”, señaló.
Las precipitaciones no son el único fenómeno asociado a estos cambios. El especialista también advirtió sobre efectos que alcanzan tanto a los ecosistemas terrestres como a los costeros.
“Observamos un aumento en la frecuencia e intensidad de las olas de calor y una mayor ocurrencia de incendios forestales. En la zona costera, el incremento en la energía de las marejadas y las modificaciones en la dinámica oceánica intensifican la erosión de playas, amenazan la estabilidad de los humedales y presionan las actividades económicas”, complementó.
Esta combinación de fenómenos también quedó en evidencia a comienzos de 2026, cuando las lluvias posteriores a los incendios forestales mostraron la vulnerabilidad de los suelos afectados por el fuego y el riesgo de remociones en masa.
Sobre la posibilidad de revertir sus efectos, Torres explicó que muchos de los cambios ya generados persistirán durante décadas. “Dado que muchos de los gases de efecto invernadero que ya hemos emitido permanecen durante décadas o incluso siglos en la atmósfera, el cambio climático no se puede revertir en el corto o mediano plazo”, afirmó.
Esta persistencia también se relaciona con procesos naturales que mantienen su dinámica incluso si las emisiones disminuyen. “El aumento del nivel del mar o el derretimiento de grandes glaciares tienen una inercia propia que se manifestará durante generaciones. Sin embargo, sí podemos desacelerar de manera importante su avance si reducimos de forma drástica las emisiones y protegemos ecosistemas clave para la captura de carbono, como los bosques, los humedales y los océanos”, señaló.
¿Qué podemos hacer frente a este escenario?
Para el investigador UCSC, enfrentar la crisis climática requiere combinar acciones de mitigación con medidas de adaptación capaces de reducir la vulnerabilidad de los territorios.
“Podemos revertir parcialmente algunos procesos mediante una transición hacia energías más limpias, una mayor eficiencia energética y la restauración de ecosistemas degradados”, explicó. Junto con estas medidas, Torres subrayó la necesidad de incorporar la adaptación climática en la planificación territorial y en la gestión pública. Entre las acciones necesarias mencionó evitar la construcción en zonas de riesgo, modernizar la gestión hídrica, diseñar ciudades más resilientes e integrar el conocimiento científico en la toma de decisiones.
“La crisis climática representa uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo, pero también constituye una gran oportunidad para transformar nuestra relación con el entorno. Las decisiones que tomemos hoy determinarán la calidad ambiental, social y económica de las próximas décadas”, finalizó.
