- Las lluvias y altas temperaturas aceleran el ciclo biológico de los zancudos en primavera.
- La urbanización de humedales y microbasurales eliminan depredadores naturales y crean criaderos.
- El uso masivo de químicos daña la cadena trófica, siendo necesario un manejo ambiental integral.
En estos días zancudos nos invaden alterando el descanso y la paz en nuestros hogares. Acechan barrios cercanos a humedales y esteros, generando reclamos vecinales por la falta de acciones efectivas. Pero la pregunta clave es si realmente se puede prevenir. Para comprender este fenómeno debemos analizar los factores climáticos y la acción humana.
En plena primavera, las precipitaciones del "Niño Godzilla" combinadas con el aumento de temperaturas han acelerado el ciclo biológico del zancudo, permitiendo que proliferen múltiples generaciones en corto tiempo. Pero, además acciones como la urbanización en humedales, la alteración de suelos, el uso inadecuado de plaguicidas y la pérdida de biodiversidad desequilibran el ecosistema, afectando a controladores naturales como arañas, libélulas y anfibios.
A esto se suma un factor biológico crítico: hembras de Culex pipiens, uno de los más frecuente localmente, poseen una gran resistencia ecológica, reproduciéndose en aguas con alta materia orgánica donde sus depredadores no sobreviven, como zanjas o canales sin mantención y microbasurales, donde el agua de lluvia se acumula en escombros junto a materia orgánica, propiciando el escenario para la ovipostura y el desarrollo de las larvas. Por ello, el manejo integral de residuos y el resguardo de un entorno libre de contaminación son claves para una prevención efectiva.
Esta invasión también golpea a nuestras mascotas. En perros y gatos, las picaduras causan dermatitis severas y prurito intenso que facilitan infecciones secundarias, además de actuar como vectores de patógenos graves como la dirofilariosis o gusano del corazón. Ante la presión ciudadana surge la tentación de aplicar soluciones químicas masivas, lo que conllevaría un riesgo ambiental severo. Los plaguicidas actúan sin discriminación, destruyendo las cadenas tróficas y eliminando a los controladores naturales, lo que genera un daño mayor que el problema original.
La salud humana, el bienestar animal y la conservación de los ecosistemas son inseparables. Ningún plan de control urbano prosperará de forma aislada. Municipios, juntas de vecinos, Cesfam y organizaciones públicas deben articular planes de contingencia participativos y preventivos, cuidando el entorno y entendiendo que nuestra salud es Una Sola.
Tania Grant Riquelme
Académica del Departamento de Ciencias Básicas y Morfología de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC)
