EL SEMÁFORO SOLAR: LA LECCIÓN DE PUNTA ARENAS SOBRE LA RECUPERACIÓN DE LA CAPA DE OZONO

Semáforo solar en un colegio de Punta Arenas que mide la radiación ultravioleta diaria.
⚡ Puntos Clave de la Noticia:
  • El Protocolo de Montreal logró eliminar el 99% de las sustancias que dañaban la capa de ozono.
  • La ONU estima que la capa de ozono se recuperará completamente hacia el año 2066 sobre la Antártica.
  • La ciencia y la cooperación internacional demostraron ser las herramientas clave para resolver problemas ambientales críticos.

En los colegios de Punta Arenas hay un semáforo que no vigila autos: vigila el cielo. Es el “semáforo solar”, y sus colores, del verde al violeta, avisan cuánta radiación ultravioleta caerá ese día sobre la ciudad. Los niños magallánicos aprenden a leerlo como el resto de nosotros aprende a leer las nubes. Verde: a jugar afuera. Violeta: sombrero, bloqueador y sombra.

Ese semáforo existe porque hace medio siglo la humanidad estuvo a punto de arruinar el bloqueador solar del planeta. Los culpables eran unos gases en apariencia inofensivos, los clorofluorocarbonos de los refrigeradores y aerosoles de entonces. En 1974, el químico mexicano Mario Molina y el estadounidense Sherwood Rowland advirtieron que esos gases podían destruir el ozono de la estratósfera, el filtro que detiene la radiación ultravioleta del Sol. Sonaba a exageración de laboratorio. Pero en 1985 apareció sobre la Antártica un “agujero” de ozono del tamaño de un continente, que algunos años se asoma sobre el extremo austral de Chile. Y un mundo sin capa de ozono significa más cáncer de piel, más cataratas, cosechas dañadas y océanos empobrecidos.

Lo que vino después es, creo, la mejor historia que nuestra especie puede contar de sí misma. En 1987, con la Guerra Fría todavía viva, nació el Protocolo de Montreal, el primer tratado de la historia ratificado por todos los países de la Tierra. Con él se eliminó, de manera gradual y verificada, el 99% de esas sustancias. La industria encontró reemplazos. Y el cielo comenzó a sanar: Naciones Unidas estima que la capa de ozono se recuperará hacia 2040 en casi todo el planeta, y hacia 2066 sobre la Antártica. El agujero de la última primavera fue el más pequeño y breve en cinco años. De regalo, el acuerdo evitará hasta medio grado de calentamiento global adicional y millones de casos de cáncer de piel.

Chile no ha sido espectador. En la Universidad de Magallanes se mide el ozono con espectrofotómetros y con globos sonda que suben a la estratósfera, y cada primavera se sigue, día a día, la cercanía del agujero, en red con laboratorios de Japón, Alemania y Canadá. Esos datos australes, tomados desde el borde mismo del fenómeno, alimentan la vigilancia mundial y las alertas que protegen a los magallánicos. Y desde 2006 tenemos una ley que obliga a resguardar del sol a quienes trabajan a la intemperie.

Es una lección luminosa. La ciencia avisó del peligro cuando nadie lo veía, diseñó la salida y hoy comprueba, medición a medición, que el cielo se repara. Ningún problema planetario se ha resuelto jamás de otra manera. Invertir en ciencia chilena no es un lujo: es la herramienta con que un país pequeño arregla problemas grandes. Por eso espero el día, ojalá hacia 2066, en que el semáforo de Punta Arenas se quede sin trabajo y lo jubilemos como monumento, en recuerdo de la vez en que la humanidad escuchó a sus científicos y reparó el cielo.

Dr. Fernando Izaurieta

Físico teórico

Departamento de Ciencias Exactas

Facultad de Ingeniería

Universidad San Sebastián