MOVERSE EN CLASES: LO QUE MUCHOS INTERPRETAN COMO DESORDEN PUEDE SER AUTORREGULACIÓN

Estudiante en el aula moviéndose para lograr autorregulación y atención
⚡ Puntos Clave de la Noticia:
  • El movimiento en clase suele funcionar como una estrategia corporal para lograr la autorregulación y sostener la atención.
  • La kinesiología educativa analiza la función del movimiento antes de sancionar conductas consideradas como problemas de disciplina.
  • El control postural y la psicomotricidad facilitan condiciones corporales óptimas para aprendizajes formales como la lectoescritura.

Kinesiólogo especialista en educación asegura que, antes de sancionar una conducta es necesario preguntarse qué función cumple el movimiento y qué está ocurriendo con el procesamiento sensorial de cada niño o niña.

Que un estudiante se levante de su asiento, cambie de postura constantemente o le cueste quedarse quieto durante una clase no necesariamente responde a que esté distraído o “portándose mal”. El kinesiólogo Benjamín Fuentealba, académico de la Universidad Andrés Bello, explica que, desde la kinesiología educativa, “ese movimiento puede ser una estrategia corporal para regularse y sostener la atención”.

La disciplina orientada a comprender cómo el cuerpo, el movimiento y el procesamiento sensorial inciden en la participación y el bienestar escolar, está modificando la forma en que colegios y profesores abordan el comportamiento motor dentro del aula. Para Fuentealba "El objetivo no es solamente que un estudiante se mueva mejor, sino que el movimiento le permita participar, aprender e interactuar de mejor manera dentro de su comunidad educativa", señala el especialista.

Lo que propone la kinesiología educativa es, en lugar de preguntarse por qué se mueven tanto, indagar qué función cumple ese movimiento. "El movimiento aporta información propioceptiva y vestibular que puede contribuir a la regulación corporal y, en determinados estudiantes, favorecer su disposición para participar en una actividad", señala, aunque advierte que también pueden existir otras causas, como cansancio, ansiedad o dificultad para comprender una tarea, que deben analizarse caso a caso.

Esa misma lógica se extiende al procesamiento sensorial y su efecto sobre la atención y la regulación emocional. Durante una jornada escolar, el sistema nervioso recibe de forma constante sonidos, luces, contacto físico e instrucciones, y la capacidad de organizar esa información determina en buena parte cómo responde un niño o niña frente al entorno. "Antes de interpretar una conducta solamente como un problema disciplinario, necesitamos comprender qué está ocurriendo con el estudiante y con las condiciones ambientales que estamos ofreciendo”.

La psicomotricidad constituye una base importante para la forma en que niños y niñas interactúan con su cuerpo, el espacio, los objetos y las tareas escolares. Ese componente incide directamente en aprendizajes formales como la lectoescritura y el cálculo: el control postural permite mantener una posición estable para escribir, la coordinación bilateral facilita que una mano sostenga el cuaderno mientras la otra ejecuta la tarea, y la coordinación óculo-manual interviene en la escritura y el manejo de materiales. Fuentealba es cuidadoso al precisar que esto no implica una relación automática entre mejorar el equilibrio y obtener mejores resultados académicos, ya que el aprendizaje es multifactorial, pero sí un componente que facilita las condiciones corporales para participar en las experiencias escolares.

La intervención kinesiológica en contextos educativos suele asociarse a condiciones del neurodesarrollo como autismo, TDA-H, discapacidad intelectual, trastornos de la coordinación o síndrome de Down. Sin embargo, el académico plantea que el diagnóstico no debiera ser el criterio central para definir un apoyo. "No intervenimos solamente porque un estudiante tenga un diagnóstico o pertenezca a un Programa de Integración Escolar; intervenimos cuando existe una necesidad funcional que está generando barreras para su participación y bienestar", afirma, lo que abre esta disciplina tanto a colegios con Programa de Integración Escolar como a aquellos que no cuentan con ese apoyo.

En el plano práctico, la propuesta no exige infraestructura especializada ni tiempo adicional fuera del currículo. Pausas activas breves, cambios de postura, estaciones de trabajo y desplazamientos con un propósito pedagógico pueden incorporarse dentro de la sala sin restar tiempo a los Objetivos de Aprendizaje de cada asignatura. El recreo y la clase de Educación Física, agrega Fuentealba, también pueden diseñarse para diversificar la participación, ajustando reglas, distancias o niveles de dificultad según las capacidades de cada estudiante.

Para eso plantea un trabajo interdisciplinario entre kinesiólogos, profesores, educadoras diferenciales, familias y otros profesionales como fonoaudiólogos o psicólogos, articulado en torno a objetivos funcionales compartidos. "El desafío es pasar de pensar que el estudiante sale del aula para recibir kinesiología, a comprender que la kinesiología puede incorporarse al contexto donde el estudiante necesita participar", concluye.

Estudiante en el aula moviéndose para lograr autorregulación y atención