LA ERA DEL CONTENIDO RÁPIDO PONE A PRUEBA LA COMPRENSIÓN LECTORA EN CHILE

Estudiante joven utilizando un dispositivo digital mientras intenta leer y comprender información en internet
⚡ Puntos Clave de la Noticia:
  • Chile registra una caída de 12 puntos en comprensión lectora según la última medición PISA.
  • El hábito de consumir contenido breve y fragmentado en pantallas fomenta una lectura superficial en los adolescentes.
  • La experta Beatriz Arancibia destaca que el desafío actual es desarrollar la capacidad de reflexión e inferencia en los estudiantes.

Los resultados de PISA muestran una caída en lectura en Chile y reabren el debate sobre cómo los jóvenes procesan, relacionan y evalúan la información.

Leer un mensaje, deslizar una pantalla, abrir otra aplicación y saltar al siguiente contenido ocurre en pocos segundos. El problema aparece cuando esa rapidez se transforma también en una forma habitual de leer: breve, fragmentada y poco profunda. Los últimos resultados de la prueba PISA (por sus siglas en inglés, Programme for International Student Assessment) muestran que Chile continúa por debajo del promedio de la OCDE en comprensión lectora y que el desafío no pasa solo por leer más, sino por cómo se procesa, relaciona e interpreta la información.

La investigadora del Centro Interdisciplinar de Investigación en Educación y Desarrollo (CIEDE) de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), Dra. Beatriz Arancibia, explica que el panorama requiere una mirada amplia. Chile mantiene el puntaje más alto de la región, pero cayó 12 puntos respecto de la medición de 2022.

“Esto es preocupante y hay que sopesarlo en el contexto que corresponde. Quienes rindieron la prueba estaban en su educación básica, entre 3° y 4° básico. Los rezagos de aprendizaje en lectura generados durante la pandemia aún seguimos observándolos. Esto nos está diciendo que debemos seguir haciendo esfuerzos para lograr cerrar esas brechas”, señala.

La académica agrega que esas diferencias siguen afectando con mayor fuerza a estudiantes de niveles socioeconómicos más bajos, aunque también se observa una baja en los resultados de jóvenes de nivel socioeconómico alto. A su juicio, el dato obliga a mirar con más atención habilidades como reconocer relaciones, interpretar y reflexionar sobre lo leído.

El problema no son solo las pantallas

Culpar directamente al celular sería una explicación demasiado simple. Para Arancibia, el uso de pantallas en sí mismo no es el problema. “Debemos considerar factores como cuánto tiempo los jóvenes pasan frente a ellas, qué tipo de contenidos consumen, de qué manera lo hacen y con qué fines”, explica.

La diferencia está en las prácticas que se desarrollan alrededor de esos dispositivos. En los adolescentes, especialmente, la exposición constante a contenidos breves, cambiantes y diseñados para captar rápidamente la atención puede favorecer formas de lectura más superficiales.

“Se van habituando a consumir contenido muy cambiante, que les genera satisfacción inmediata porque se orienta principalmente a entretención en torno a temas que son de su interés, y en formatos muy seductores que están diseñados para captar fácilmente la atención. Esto ha ido fomentando prácticas de lectura superficial, de mensajes cortos y de fácil consumo”, advierte.

Comprender un texto, en cambio, exige otro ritmo. Requiere mantener la atención, relacionar ideas, hacer inferencias y detenerse a reflexionar. “La lectura comprensiva, ya sea en papel o en otro formato, demanda atención sostenida, capacidad para establecer relaciones, hacer inferencias de distinto tipo, y eso implica un procesamiento mucho más profundo que demanda mayor esfuerzo cognitivo”, agrega.

Leer en la era de la inteligencia artificial

Ese desafío adquiere una dimensión adicional con la expansión de la inteligencia artificial. Hoy los estudiantes no solo leen libros o contenidos escolares: también reciben respuestas generadas por sistemas automáticos, consumen información en redes sociales y acceden a múltiples fuentes en segundos.

Eso vuelve más relevante la capacidad de detenerse, contrastar y evaluar lo que se lee. Para la investigadora del CIEDE, el fortalecimiento de la lectura crítica no puede recaer únicamente en las escuelas.

“Las facultades de Educación tenemos un rol que cumplir en la formación del profesorado. Si los profesores no cuentan con una adecuada formación para traducir la necesidad de que los estudiantes sean lectores críticos en prácticas de enseñanza que efectivamente fomenten la lectura crítica en general, y el uso ético y crítico de la IA, es muy difícil conseguir el cambio”, sostiene la Dra. Beatriz Arancibia.

A su juicio, esto requiere fortalecer tanto la formación inicial como continua de los docentes, especialmente porque las tecnologías seguirán evolucionando y exigirán nuevas capacidades de análisis: “se requiere de una formación inicial y continua del profesorado muy fuerte en estos temas, porque las tecnologías derivadas de la IA seguirán desarrollándose y tenemos que tener la capacidad para responder frente a ello de manera flexible y, al mismo tiempo, juiciosa”.

Para la académica, los resultados de PISA no solo hablan de puntajes. También abren una pregunta más profunda sobre el tipo de lectores que se están formando: jóvenes capaces de consumir información rápidamente o personas capaces de detenerse, comprenderla, contrastarla y decidir qué hacer con ella.